Tengo que justificar por qué elegí estos dos países para investigar sus políticas públicas y cómo sus regímenes políticos injieren en la democratización de la información pública.
No hay más. La primera razón es los recuerdos que tengo de uno de ellos, la conexión que mi corazón y los álbumes calcados que acopio en mi archivo mental tienen con la tierra guatemalteca. Porque ellos (los mayores pobladores de Centroamérica) voltean hacia arriba del mapa para ver a un país que admiran y apetecen, pero que se pudre en la mediocridad, que a su vez, se cree inferior cuando no se plantea que puede ser la gran civilización de un nuevo siglo.
Del interés por la Nicaragua, viene desde el nombre. Suena a agua y a nica, seguro huele a hierba y a lago abundante. Es realmente bello cuando ves su forma geográfica que se parece tanto a mi país (representa menos del 10% del territorio mexicano), pero ellos han sufrido tanto, han soportado dictaduras de una familia sanguinaria que los ha dejado en la miseria, comparten con Bolivia ser de los países con IDH más bajo de la América continental.
Una tarde de hace algunos meses, sentado en una fresca casa queretana, leía en una revista de portada roja acerca de las estrategias de la pareja presidencial nicaragüense para hacer de su poder político un movimiento religioso. Una dominación a través de supuestos encargos divinos. Me desanimó que los Ortega se envuelvan en la bandera sandinista cuando aspiran a ser la reencarnación americana de los Ceaucescu.
Un medio día de hace alguna semanas, veía a unos metros de mí el rostro de Colom en un evento de incipiente celebración bicentenaria, pero mis ojos repararon en su cuerpo, en sus manos, en la curvatura de sus espaldas, cansadas. Deseé que el cansancio procediera de sus casi sesenta años atrás y no de la esforzada tarea por engrandecer su pueblo. Esa misma tarde miré a menos metros, una inspiradora sonrisa alegre y regordeta de la mujer más orgullosamente guatemalteca.
De Guatemala, los quetzales
De Nicaragua, el lago Nicaragua
De Guatemala, el encanto de sus mujeres artesanas
De Nicaragua, la duda a Violeta Barrios vda. de Chamorro
De Guatemala la primera nación extranjera que pisaron mis pies.
De Nicaragua, la última que pisarán este año.
¿Podré justificar con esto mi tesis?
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martes, 12 de octubre de 2010
De Guatemala y Nicaragua
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jueves, 18 de febrero de 2010
La mente latinoamericana mía
Si estuviera por nacer de seis vientres distintos en este momento, escogería brotar de aquella grieta morena y criolla con dolores cicatrizados en la piel y el alma. Elegiría ver la luz de un sol violento y dulce a la vez. Distinguiría que las primeras manos que tocaran mi tersa piel fueran aquellas que han labrado tierra fértil y amasan mezclas de maíz. Me empeñaría en emitir mi primer llanto desgarrante en tierra llamada americana…
Existe un aforismo acerca de la literatura latinoamericana. Se dice que Chile ha generado poetas; La Argentina, cuentistas; México, novelistas y Uruguay raros. Si hago recuentos y recorridos bibliotecarios, esto podría ser un precepto. La Mistral sintiendo los “Sonetos de la muerte” en los que: …y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir… Esa mujer con piel de aire que deja su ser sentir. Los cuentos argentinos, innumerables ficciones con firmas cortázarianas y borgianas. La novela mexicana con “Los de Abajo” como estandarte, donde la desgracia queda viva sin tiempo de caducidad. “Los relámpagos de agosto” de Ibargüengoitia aquel ágil y escurridizo (que tanto su apellido me gusta pronunciar) con humor acerca de los sueños no cumplidos de la Revolución Mexicana, aunque en verdad “Maten al león” es la que quiero leer. Y qué de mi Onetti, voluntad voluble, congruente con la vida santamariana, orgullo actual de Montevideo, de un hombre que sentía la respiración como aliento en lleno. Qué de Juana de Ibarbourou, La Juana de América, poetisa revolucionaria, presuntuosa de su género y amante de la vida misma, a la que no le refuta nada, porque así es ella – la vida-.
Siguiendo la anterior máxima, en el primer capítulo nazco mexicano. Seguiré gastando tinta en la novela diligente de mi vida sobre papel de tierras americanas. Los siguientes episodios lo mismo en montañas salvadoreñas con vientos salados del pacífico que en las sucias calles bonaerenses llenas de cafés con escasa o profusa historia (algo que contar al fin). Podrían contarse dentro de la ciudad blanca de Sucre, o en medio de los pantanos amazónicos apenas con algo de lumbre. O da igual ¿Por qué no? en el final de los campos bogotanos.
Siento mi corazón sembrado entre tierras húmedas del trópico, que algunas veces yace en los desiertos salares bolivianos y se alimenta de pastos semiverdes del bajío mexicano. No necesita lenguas extrañas para roer entre mis médulas. La esencia de mi vida se refresca con agua ligera del Orinoco y sus ojos miran el mundo desde el Aconcagua.
Si estuviera por nacer de seis vientres distintos en este momento
Escogería brotar de aquella grieta morena y criolla con dolores cicatrizados en la piel y el alma
Elegiría ver la luz de un sol violento y dulce a la vez
Distinguiría que las primeras manos que tocaran mi tersa piel fueran aquellas que han labrado tierra fértil y amasan mezclas de maíz
Me empeñaría en emitir mi primer llanto desgarrante en tierra llamada americana…
Donde también me dejaría morir
Existe un aforismo acerca de la literatura latinoamericana. Se dice que Chile ha generado poetas; La Argentina, cuentistas; México, novelistas y Uruguay raros. Si hago recuentos y recorridos bibliotecarios, esto podría ser un precepto. La Mistral sintiendo los “Sonetos de la muerte” en los que: …y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir… Esa mujer con piel de aire que deja su ser sentir. Los cuentos argentinos, innumerables ficciones con firmas cortázarianas y borgianas. La novela mexicana con “Los de Abajo” como estandarte, donde la desgracia queda viva sin tiempo de caducidad. “Los relámpagos de agosto” de Ibargüengoitia aquel ágil y escurridizo (que tanto su apellido me gusta pronunciar) con humor acerca de los sueños no cumplidos de la Revolución Mexicana, aunque en verdad “Maten al león” es la que quiero leer. Y qué de mi Onetti, voluntad voluble, congruente con la vida santamariana, orgullo actual de Montevideo, de un hombre que sentía la respiración como aliento en lleno. Qué de Juana de Ibarbourou, La Juana de América, poetisa revolucionaria, presuntuosa de su género y amante de la vida misma, a la que no le refuta nada, porque así es ella – la vida-.
Siguiendo la anterior máxima, en el primer capítulo nazco mexicano. Seguiré gastando tinta en la novela diligente de mi vida sobre papel de tierras americanas. Los siguientes episodios lo mismo en montañas salvadoreñas con vientos salados del pacífico que en las sucias calles bonaerenses llenas de cafés con escasa o profusa historia (algo que contar al fin). Podrían contarse dentro de la ciudad blanca de Sucre, o en medio de los pantanos amazónicos apenas con algo de lumbre. O da igual ¿Por qué no? en el final de los campos bogotanos.
Siento mi corazón sembrado entre tierras húmedas del trópico, que algunas veces yace en los desiertos salares bolivianos y se alimenta de pastos semiverdes del bajío mexicano. No necesita lenguas extrañas para roer entre mis médulas. La esencia de mi vida se refresca con agua ligera del Orinoco y sus ojos miran el mundo desde el Aconcagua.
Si estuviera por nacer de seis vientres distintos en este momento
Escogería brotar de aquella grieta morena y criolla con dolores cicatrizados en la piel y el alma
Elegiría ver la luz de un sol violento y dulce a la vez
Distinguiría que las primeras manos que tocaran mi tersa piel fueran aquellas que han labrado tierra fértil y amasan mezclas de maíz
Me empeñaría en emitir mi primer llanto desgarrante en tierra llamada americana…
Donde también me dejaría morir
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