He aprendido a estimar su belleza
Sus arenas finas y brillantes han sido cálidas
En sus montículos se deja ver su sonrisa
En las cuevas de la planicie el claro de su mirada
No he encontrado un rincón de asperezas
Sobre sus campos vuelan las aves ligeras
El aire acaricia sus exuberantes mejillas rojas
En la llanura de su pecho se antoja pasar las horas
Bajo rayos de sol habla contento
Bajo las nubes nocturnas descansa en silencio
Las cicatrices de huellas borra arrogante
Debajo de su piel cobija bellos insectos
Admiré tantos años los verdes de infancia
Que creía horrendos los espacios de Arabia
He girado los mapas a cortas y largas distancias
He hallado los polvos más bellos y suaves en casa
Bailo y agito las arenas de esta cúspide encantada
Bailo, ciertas me impregnan y otras vuelan tiernas
Bailo y el sol me regala una sombra gemela
Bailo en el desierto, entonces mi alma aletea
jueves, 31 de marzo de 2011
martes, 22 de marzo de 2011
El ratón y el gato
Por su propio bien, el ratón
Debería dejar de comer queso blanco y añejo
Por el bien de su intestino comer lechuga asiática
Por el bienestar de su pancita, gomitas de azúcar caribeña
Para lucir elegante un frac de lino nuevo
Por su propio bien, no caminar tras la cola del gato
Por su propio bien, el gato
Debería no dejar comida regada en el patio
Por el bien de sus bigotes, ser leal y honesto
Por el bienestar de su sueño comer maíz molido
Para conseguir ser bello, bañarse en arena a diario
Por su propio bien, no patear cuando duerme el ratón
Por su propio bien, el ratón, debería saber que hay más animales en la casa
Por su propio bien, el gato, debería retozar como par con el ratón lindante
El ratón no ha aprendido a producir su propio alimento
Y añora ser gato alto y de piernas largas, aunque odiado por el resto
El gato se siente el rey de la casa y a todo lo que ensucia y desordena
Invita al ratón a que lo limpie y al final le avienta sobras de alimento
El gato revisa a cada ratón para entrar a su estancia
Maullando, le cuestiona hasta cuantos pelos tiene, le toma foto
Y si quiere, lo deja pasar
El ratón le deja la puerta abierta, a veces ni se entera cuando entra
Nadie sabe lo que el gato mete a la recámara del ratón, quizás veneno
Adentro de boronas con saborizante artificial de queso
El ratón debería leer biografías de roedores célebres
El gato, ver documentales de felinos rapaces y felices
Ratón:
De que el gato te haga daño no te quejes
Ayer crucé tu puerta y estabas dormido
Acaso algún día despiertes
Debería dejar de comer queso blanco y añejo
Por el bien de su intestino comer lechuga asiática
Por el bienestar de su pancita, gomitas de azúcar caribeña
Para lucir elegante un frac de lino nuevo
Por su propio bien, no caminar tras la cola del gato
Por su propio bien, el gato
Debería no dejar comida regada en el patio
Por el bien de sus bigotes, ser leal y honesto
Por el bienestar de su sueño comer maíz molido
Para conseguir ser bello, bañarse en arena a diario
Por su propio bien, no patear cuando duerme el ratón
Por su propio bien, el ratón, debería saber que hay más animales en la casa
Por su propio bien, el gato, debería retozar como par con el ratón lindante
El ratón no ha aprendido a producir su propio alimento
Y añora ser gato alto y de piernas largas, aunque odiado por el resto
El gato se siente el rey de la casa y a todo lo que ensucia y desordena
Invita al ratón a que lo limpie y al final le avienta sobras de alimento
El gato revisa a cada ratón para entrar a su estancia
Maullando, le cuestiona hasta cuantos pelos tiene, le toma foto
Y si quiere, lo deja pasar
El ratón le deja la puerta abierta, a veces ni se entera cuando entra
Nadie sabe lo que el gato mete a la recámara del ratón, quizás veneno
Adentro de boronas con saborizante artificial de queso
El ratón debería leer biografías de roedores célebres
El gato, ver documentales de felinos rapaces y felices
Ratón:
De que el gato te haga daño no te quejes
Ayer crucé tu puerta y estabas dormido
Acaso algún día despiertes
sábado, 26 de febrero de 2011
Mientras el destino
Esta calle no tiene final evidente
Los nombres de las mujeres terminan suave
Los cabellos de mi abuelo crecerán lento
Mientras dudo si las olas se acercan a mis pies o se alejan de miedo
Este durazno vacila el esmalte de su atuendo
Los ojos de la muñeca recuerdan para atrás
La mente esboza proyecciones efímeras
Mientras verbalizo lo que pienso y el dibujo se convierte eco
Esta nube viaja torpe al compás de anónimo viento
Los abrazos se dan a acreditados individuos
La mano y la mirada a quien suspiro
Mientras las ruedas giran y a Montevideo me separo y acerco
Esta carta blanca se escribe diciendo
La montaña es clara y el cielo negro
El calor invade cuerpos y el frío penetra huesos
Mientras borro lo que he escrito inmaculadamente lerdo
Sobre la mesa hay un mañana dibujado
La tinta la he reunido de cuantiosos ayeres
El papel es pétalo de cebolla tierna en llantos olvidados
La mirada pincela la vereda. Mientras el destino
Los nombres de las mujeres terminan suave
Los cabellos de mi abuelo crecerán lento
Mientras dudo si las olas se acercan a mis pies o se alejan de miedo
Este durazno vacila el esmalte de su atuendo
Los ojos de la muñeca recuerdan para atrás
La mente esboza proyecciones efímeras
Mientras verbalizo lo que pienso y el dibujo se convierte eco
Esta nube viaja torpe al compás de anónimo viento
Los abrazos se dan a acreditados individuos
La mano y la mirada a quien suspiro
Mientras las ruedas giran y a Montevideo me separo y acerco
Esta carta blanca se escribe diciendo
La montaña es clara y el cielo negro
El calor invade cuerpos y el frío penetra huesos
Mientras borro lo que he escrito inmaculadamente lerdo
Sobre la mesa hay un mañana dibujado
La tinta la he reunido de cuantiosos ayeres
El papel es pétalo de cebolla tierna en llantos olvidados
La mirada pincela la vereda. Mientras el destino
viernes, 28 de enero de 2011
El Baño
El agua libremente corre en este espacio
Ayuda a lavar manchas de la piel y el alma
En este sitio, casi siempre cuadrado, habito
Habito por las mañanas y en las noches anido
Esta redonda butaca, fría, ordinariamente me espera
Cuando me siento, pienso detalladamente los días
Programo los inmediatos pasos que daré a la salida
Me levanto, rutina irreflexivamente tardía
Estas paredes son quienes mas veces me han visto desnudo
Les doy mi confianza, un vello pectoral, saben único
Nunca me dicen cómo se ve mi nuca
Me da tanta rabia nunca poder mirar, esa ración mía
En esta habitación, tramito miles de respiros
Mi corazón late más que en las calles
Mis pies sin vestido tocan charcos sucios
Mis manos limpian mi cuerpo despojado
Aquí miro mis ojos que me miran
Aquí riño para lustrar mi sonrisa
Aquí suavizo mi piel áspera
Aquí lavo mis cabellos sebosos
Aquí me sé sórdido y quebradizo
Aquí me renuevo, aunque sea un poquito
Incluso, sospecho que solamente aquí soy yo
Desnudo
Indefenso
Sucio
Frágil
Libre
Incluso, sospecho aquí, que no me conozco
Ayuda a lavar manchas de la piel y el alma
En este sitio, casi siempre cuadrado, habito
Habito por las mañanas y en las noches anido
Esta redonda butaca, fría, ordinariamente me espera
Cuando me siento, pienso detalladamente los días
Programo los inmediatos pasos que daré a la salida
Me levanto, rutina irreflexivamente tardía
Estas paredes son quienes mas veces me han visto desnudo
Les doy mi confianza, un vello pectoral, saben único
Nunca me dicen cómo se ve mi nuca
Me da tanta rabia nunca poder mirar, esa ración mía
En esta habitación, tramito miles de respiros
Mi corazón late más que en las calles
Mis pies sin vestido tocan charcos sucios
Mis manos limpian mi cuerpo despojado
Aquí miro mis ojos que me miran
Aquí riño para lustrar mi sonrisa
Aquí suavizo mi piel áspera
Aquí lavo mis cabellos sebosos
Aquí me sé sórdido y quebradizo
Aquí me renuevo, aunque sea un poquito
Incluso, sospecho que solamente aquí soy yo
Desnudo
Indefenso
Sucio
Frágil
Libre
Incluso, sospecho aquí, que no me conozco
martes, 11 de enero de 2011
La caída de la reina
Desde el momento en que vi las imágenes cuando cae Marisela, mi cabeza y un chip que tengo incrustado en mi pecho no se han serenado.
Marisela era una reina que vivía afuera de un palacio, porque adentro había un dragón. Un animal salvaje que se volvió soberbio, que ya no recordaba que era un sirviente de la corona. La reina se refugió enfrente del castillo. Afligida y abatida, todos los días derramaba lágrimas porque había perdido a su hija, la princesa Rubí, que años atrás había sido seducida por un bárbaro, un hombre de mal.
La reina era jubilada de la institución que resguarda la salud de todo el pueblo, llamada IMSS. Ella curó heridas y sanó enfermos por muchos años. Pero un mal día, su princesa le fue arrebatada, su princesa fue asesinada y quemada vilmente en un tambo en las afueras de la aldea, conocidas como desierto de Chihuahua.
Cuando la reina esperaba la sentencia para el verdugo confeso de la princesa, la Corte Imperial absolvió al bárbaro y sencillamente apuntó: “el tribunal absuelve por unanimidad a Sergio Rafael Barraza Bocanegra de la acusación que le hizo el Ministerio Público…”. Los caballeros de la Corte lo habían indultado, lo habían liberado.
En ese momento, en la Sala de la Corte se escucharon los gritos y lamentos más estruendosos que en el reino se hayan escuchado, era la reina y sus damas pidiendo justicia por la muerte de la princesa Rubí.
Desde ese día, la reina emprendió una lucha para exigir esclarecimiento en el asesinato de la princesa. Fue despojada de sus majestuosos vestidos y caminó errante por las calles, berreando y gimiendo por la perversa decisión de la Corte. En las marchas, se hizo acompañar de un séquito de otras reinas que habían perdido a sus propias princesas llamado “Justicia para nuestras hijas”.
Después, pasados unos meses, tras una apelación al último fallo, encontraron culpable al asesino, pero este, ya estaba prófugo. Entonces la misma soberana coadyuvó para tratar de detener al homicida confeso. Dirigió las investigaciones para dar con el verdugo. Ella era muy valiente y llegó a hablar ante las cámaras para clamar justicia.
La noche del jueves 16 de diciembre la reina estaba afuera del palacio, en la plaza principal a la que llegan los caminos de Aldama y Universidad en el centro del reino. Cuando llegó un carruaje blanco, pero funesto. Bajó un verdugo. Se dirigió a la soberana. Según los dibujos del cuento, discutieron y por primera vez se vio a su majestad correr, huir de la embestida, debió tener mucho miedo del verdugo, amigo del dragón y de la Corte Imperial.
De manera vil correteó a la reina y ella intentó refugiarse a las puertas del palacio. Pero antes, el mísero cobarde, le clavó la espada (bala calibre 9 mm) a quemarropa. Ella cayó muerta con sus tenis blancos en la banqueta de su propio castillo (Palacio de Gobierno).
Desde entonces, el pueblo ha parecido tener mucho miedo, pues ha callado por la injusticia cometida, han permitido esta atrocidad en una familia real y se han hecho responsables, dándose a conocer la situación de arbitrariedad en la Corte Imperial (Sistema de Justicia Penal) que impera en el reino.
En la búsqueda de justicia por la muerte de la princesa, la reina ha muerto. Se ha cumplido la sentencia que la soberana un día expresó: “aunque me lleve la vida, lo voy a localizar un día…”.
Ahora el pueblo y los plebeyos deben continuar la protesta contra la impunidad que se ha apoderado de este reino y que ha lacerado a sus habitantes; para que no se vuelvan a escuchar gritos como los de la reina Marisela Escobedo, el mayor estruendo del que pueda acordarme haber leído en un cuento.
Marisela era una reina que vivía afuera de un palacio, porque adentro había un dragón. Un animal salvaje que se volvió soberbio, que ya no recordaba que era un sirviente de la corona. La reina se refugió enfrente del castillo. Afligida y abatida, todos los días derramaba lágrimas porque había perdido a su hija, la princesa Rubí, que años atrás había sido seducida por un bárbaro, un hombre de mal.
La reina era jubilada de la institución que resguarda la salud de todo el pueblo, llamada IMSS. Ella curó heridas y sanó enfermos por muchos años. Pero un mal día, su princesa le fue arrebatada, su princesa fue asesinada y quemada vilmente en un tambo en las afueras de la aldea, conocidas como desierto de Chihuahua.
Cuando la reina esperaba la sentencia para el verdugo confeso de la princesa, la Corte Imperial absolvió al bárbaro y sencillamente apuntó: “el tribunal absuelve por unanimidad a Sergio Rafael Barraza Bocanegra de la acusación que le hizo el Ministerio Público…”. Los caballeros de la Corte lo habían indultado, lo habían liberado.
En ese momento, en la Sala de la Corte se escucharon los gritos y lamentos más estruendosos que en el reino se hayan escuchado, era la reina y sus damas pidiendo justicia por la muerte de la princesa Rubí.
Desde ese día, la reina emprendió una lucha para exigir esclarecimiento en el asesinato de la princesa. Fue despojada de sus majestuosos vestidos y caminó errante por las calles, berreando y gimiendo por la perversa decisión de la Corte. En las marchas, se hizo acompañar de un séquito de otras reinas que habían perdido a sus propias princesas llamado “Justicia para nuestras hijas”.
Después, pasados unos meses, tras una apelación al último fallo, encontraron culpable al asesino, pero este, ya estaba prófugo. Entonces la misma soberana coadyuvó para tratar de detener al homicida confeso. Dirigió las investigaciones para dar con el verdugo. Ella era muy valiente y llegó a hablar ante las cámaras para clamar justicia.
La noche del jueves 16 de diciembre la reina estaba afuera del palacio, en la plaza principal a la que llegan los caminos de Aldama y Universidad en el centro del reino. Cuando llegó un carruaje blanco, pero funesto. Bajó un verdugo. Se dirigió a la soberana. Según los dibujos del cuento, discutieron y por primera vez se vio a su majestad correr, huir de la embestida, debió tener mucho miedo del verdugo, amigo del dragón y de la Corte Imperial.
De manera vil correteó a la reina y ella intentó refugiarse a las puertas del palacio. Pero antes, el mísero cobarde, le clavó la espada (bala calibre 9 mm) a quemarropa. Ella cayó muerta con sus tenis blancos en la banqueta de su propio castillo (Palacio de Gobierno).
Desde entonces, el pueblo ha parecido tener mucho miedo, pues ha callado por la injusticia cometida, han permitido esta atrocidad en una familia real y se han hecho responsables, dándose a conocer la situación de arbitrariedad en la Corte Imperial (Sistema de Justicia Penal) que impera en el reino.
En la búsqueda de justicia por la muerte de la princesa, la reina ha muerto. Se ha cumplido la sentencia que la soberana un día expresó: “aunque me lleve la vida, lo voy a localizar un día…”.
Ahora el pueblo y los plebeyos deben continuar la protesta contra la impunidad que se ha apoderado de este reino y que ha lacerado a sus habitantes; para que no se vuelvan a escuchar gritos como los de la reina Marisela Escobedo, el mayor estruendo del que pueda acordarme haber leído en un cuento.
domingo, 2 de enero de 2011
Me & Cinderella
Centenares soles se han puesto
Las alas de Alejandro han tomado vuelo
Hojas secas se han arremolinado frente a mi puerta
Viento sopló fuerte frente a mi cara
Sello mis oídos con algodones y me evaporo
Me
Granjas del sur han mostrado flores amarillas
La casa pequeña ha emanado calor fulgente
Violines han conversado a gemidos
Pies caminaron para asir un brazo hermano
Las horas avanzan y se sientan a la mesa
&
Lagos de agua azul celeste se han secado
Los conejitos silvestres se han asomado
Discursos simples han surgido efervescentes
De voces expertas surgió un afecto
El respiro es constante y no parece apagarse
Cinderella
Barcos siguen de pie en el monte alto
La mañana más fría es camino por andar
Ojos ven que hay manos labrando barro duro
La nube protectora ofrece alientossombra
Un río juega con libros de fábulas grises, el puente los vigila
Queda Me & Cinderella
MMX
Las alas de Alejandro han tomado vuelo
Hojas secas se han arremolinado frente a mi puerta
Viento sopló fuerte frente a mi cara
Sello mis oídos con algodones y me evaporo
Me
Granjas del sur han mostrado flores amarillas
La casa pequeña ha emanado calor fulgente
Violines han conversado a gemidos
Pies caminaron para asir un brazo hermano
Las horas avanzan y se sientan a la mesa
&
Lagos de agua azul celeste se han secado
Los conejitos silvestres se han asomado
Discursos simples han surgido efervescentes
De voces expertas surgió un afecto
El respiro es constante y no parece apagarse
Cinderella
Barcos siguen de pie en el monte alto
La mañana más fría es camino por andar
Ojos ven que hay manos labrando barro duro
La nube protectora ofrece alientossombra
Un río juega con libros de fábulas grises, el puente los vigila
Queda Me & Cinderella
MMX
lunes, 13 de diciembre de 2010
El banquete de los acuerdos
La mayoría de las veces se escucha: Ponerse de acuerdo no es tarea fácil. Y claro, resulta tan difícil porque la mayoría de las veces, en realidad, no se quiere poner de acuerdo. Diálogos, convites, encuentros, miradas y tratos, son el intercambio en el que nadie se quiere quedar con una parte de lo que el que está enfrente, le ofrece.
En la marcha del festejo por convenir en algo, surgen agrupamientos por afinidades, que llevan a nada. Que si es alguien que está cerca, que si somos del mismo color, que si hablamos una misma lengua, que si soy de billetera gorda o que si nos hemos caído bien los últimos años. En esta segmentación, queda evidente que entonces, los bloques siguen existiendo, que el multilateralismo es de alianzas, proclives a segregaciones.
En la diversidad, destellan los matices que siempre me han gustado. Aquí se pueden ver las faldas tablonas que son majestuosas; otros visten de pantalones negros o azules combinados con superiores en blanco o rosa, tan sobria elegancia como sus diseños mentales; aquellos de enfrente, visten una franja bordada en el costado de sus camisas para enaltecer un legado, del cual se afrentan detrás de la cortina y que a otros, siempre de tez más blanca, entregan.
Han pasado doce días para ponerse de acuerdo, y las citas no acaban, las pláticas son variadas en escenarios y banderas. El azul universal se ha socorrido de otros tres colores radiantes. Obreros visionarios sabemos que no es tarea fácil llegar a un acuerdo, y aún así, hemos puesto la mesa, los manteles y los platillos del banquete. En esta hora, ya se han sentado los invitados al festín. Hemos dado una fiesta para que conozcan nuestra casa, los deleitemos con pan de maíz, para que más tarde, saciados, prueben nuestro dulce de leche.
En la marcha del festejo por convenir en algo, surgen agrupamientos por afinidades, que llevan a nada. Que si es alguien que está cerca, que si somos del mismo color, que si hablamos una misma lengua, que si soy de billetera gorda o que si nos hemos caído bien los últimos años. En esta segmentación, queda evidente que entonces, los bloques siguen existiendo, que el multilateralismo es de alianzas, proclives a segregaciones.
En la diversidad, destellan los matices que siempre me han gustado. Aquí se pueden ver las faldas tablonas que son majestuosas; otros visten de pantalones negros o azules combinados con superiores en blanco o rosa, tan sobria elegancia como sus diseños mentales; aquellos de enfrente, visten una franja bordada en el costado de sus camisas para enaltecer un legado, del cual se afrentan detrás de la cortina y que a otros, siempre de tez más blanca, entregan.
Han pasado doce días para ponerse de acuerdo, y las citas no acaban, las pláticas son variadas en escenarios y banderas. El azul universal se ha socorrido de otros tres colores radiantes. Obreros visionarios sabemos que no es tarea fácil llegar a un acuerdo, y aún así, hemos puesto la mesa, los manteles y los platillos del banquete. En esta hora, ya se han sentado los invitados al festín. Hemos dado una fiesta para que conozcan nuestra casa, los deleitemos con pan de maíz, para que más tarde, saciados, prueben nuestro dulce de leche.
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