Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de abril de 2025

Le escribo flores

Al niño que me gusta 
No le escribo flores 

Ni le envío a casa un poema


Le doy un beso por la noche  

Y me revuelve la vida entera



sábado, 13 de enero de 2024

Las tardes sobre Río Blanco

Algunos no saben que nací en Orizaba y crecí en Río Blanco, Veracruz. El lugar donde mi abuelo, Abraham Macip Meza, fue quien me sembró y me enseñó el principio de lucha y búsqueda de la justicia. Venía todas las tardes a cenar a casa, donde mi madre preparaba café, té y casi siempre tacos de papa. Llegaba, se quitaba el sombrero y empezaba a contarnos, a su nuera y al nieto más pequeño, sobre la huelga de Río Blanco. Sentados a la mesa de la cocina, nos contaba historias de hombres y mujeres que habían sido masacrados por alzar la voz ante la explotación en la que vivían. Yo apenas tenía 6 años, mis hermanos mayores, seguro andaban haciendo tarea o jugando en las calles y en el parque de la colonia. Para mí, por las tardes solo existían mi abuelo y mi mamá que nos reuníamos para escuchar, lamentarnos y enfurecernos por las injusticias y las atroces muertes provocadas por aquellos dueños de las fábricas, mientras se hacía de noche y esperábamos a que mi padre llegara del trabajo. 

Aún recuerdo las historias que nos contaba sobre las tiendas de raya y los desmedidos precios a los que los obreros debían comprar los alimentos más básicos, de la cantidad de niños que no iban a la escuela para trabajar más de 14 horas en las fábricas textiles, y del inicio de los desfiles y plantones que organizaron quienes se convertirían en mártires el 7 de enero de 1907. Nos enumeraba nombres de dirigentes, de calles, de colonias y cerros, y yo aunque apenas estaba aprendiendo a escribir, los deletreaba como podía sobre un cuaderno. De todos ellos, el que más recuerdo es el de una mujer luchadora, de esas de carácter fuerte, mujeronas (decía mi abuelo): Lucrecia Toriz. No sé si lo escribía bien o mal, solo sé que quedó grabado en mi memoria, la mente y el corazón para orientarme hacia el principal camino a seguir en mi vida: la lucha en favor de los más débiles, de los más desfavorecidos.

Por muchos años pasé enfrente de ese majestuoso y hermoso edificio que fue la fábrica, ya abandonado, ya enmohecido por la encantadora humedad de la montaña veracruzana, y pensaba: aquí murió mucha gente, aquí lloraron, gritaron y corrieron tantos niños como yo para salvar sus vidas y algunos vieron caer morir a sus padres frente a ellos. Así que yo quiero ser una persona que siempre defienda a los débiles y que siempre busque la justicia, pues de aquí, yo vengo. Ahora muchos saben que Río Blanco, Veracruz fue el lugar donde mi abuelo, mi madre Sara y yo nos juntábamos a pasar la tarde, formando, los tres, una alianza de luchadores para toda la vida.  




jueves, 27 de julio de 2017

La catedral


Un hombre gritaba 
“yo no me voy a morir nunca”
Afuera de la catedral
La gente pasaba de frente
En silencio cavilaban distinto o igual

Los gritos salían con tremenda fuerza
Anunciaban miedo, un rechazo, una negación
Sin edad el alma con cabellos blancos

No aceptaba su finita condición

Entre cientos repetía su voz a cada hombre
Con irracional reclamo de no saber quien es 
Todos tiraban a loco el mensaje del loco
Aunque en el fondo desearan creerle bien

El clamor no se detuvo nunca en las paredes
De la catedral metropolitana
Ni se enredó en sus rejas inmóviles
Voló sigilosa por la calles de la ciudad 

Entonces bajé escaleras hacia el metro
Escuchando una conversación interna
Con el alma de aquel hombre necio
Que discutía con la mía indefensa

Los gritos de aquel mortal vivo de la catedral
Me acompañaron por varios días
Hasta despertar esta mañana
Gritando en silencio “Un día yo estaré muerto”


lunes, 1 de abril de 2013

Hojas de té



Hojas de té para dar sabor a la vida
Te escribo en hojas que te procuro sin medida

Hora del té reservada en las cocinas
Te he de dar mis horas sin prisas

Té de tila
Te adormezco el miedo

Té de manzanilla
Te alivio dolores de cabeza

Té de yerbabuena
Te consiento en la noche plena

Té de limón
Te renuevo la sonrisa

Té de azares
Te sesgo la ausencia

Té de jazmín
Te rozo la inocencia

Té de frutos rojos
Te beso los labios

Hojas de té para dar sabor a la vida
Te leo de hojas verdes abundantes alegrías

Hora del té reservada en las cocinas
Te he de deleitar las horas juntadas con las mías

miércoles, 6 de febrero de 2013

Dime


Dime VIDA qué escondes del mañana
Haz saber lo que ve tu mirada
No ves que me ahogo si sé nada
Aunque si de alertas quizás tema
Tal vez me hieran tus palabras
Acaso sonría de saber nada

Dime CIELO cómo vestirás el alba
Cuenta qué traerás a mis ojos
Si me adviertes del frío
Cobijas bordaré con hilos de pana
Si callas tal te conocen todos
Dormiré esperando tu llegada

Dime TIERRA hacia dónde giras
Advierte tus saltos perturbados
Que si conozco tus entrañas
Lucirá fragilidad de tus vacíos
La angustia visitante de la noche
Hará arder tus rocas delicadas   

Dime TÚ qué esconde tu pecho
Señala tus andanzas descalzas
Que si sospecho tus tientos
Todo quedará envuelto en magia
Aún temo indagar bajo tus pieles
En los que se anidan tus ganas

Dime ALMA qué llevas dentro
Con qué cubres tus penas
Y con qué pañuelo secas tus lágrimas
Dime si sueñas cuando yo duermo
Y para que nadie te haga daño 
Escribes poemas sobre un cuaderno 



Última noche de 2012

lunes, 22 de octubre de 2012

El teatro, un ojo y yo


Miré al cielo triste
Triste al cielo miré
Triste el cielo
Triste yo

Miré al mar grande
Grande al mar miré
Grande el mar
Grande yo

Miré un cuerpo sucio
Sucio un cuerpo miré
Sucio el cuerpo
Sucio yo

Miré el viento quebrantado
Quebrantado el viento miré
Quebrantado el viento
Quebrantado yo

Miré la muerte obstinada
Obstinado la muerte miré
Obstinada la muerte
Obstinado yo

Miré la vida hermosa
Hermoso la vida miré
Hermosa la vida
Hermoso yo

Miré un ojo enamorado
Enamorado un ojo miré
Enamorado un ojo
Enamorado yo

Julio 11-Octubre 22

miércoles, 7 de marzo de 2012

Los dementes


Juguemos a ser cuerdos
Y soltarnos de las manos
Juguemos a ser cuerdos
Y llorar las noches largas

Juguemos a ser cuerdos
Y renunciar a ver ojos serenos
Juguemos a ser cuerdos
Y jugar a los humanos ciegos

Juguemos a ser cuerdos
Y cumplir reglas desquiciadas
Juguemos a ser cuerdos
E impedirnos besos delicados

Juguemos a ser cuerdos
Para que no nos saquen del juego
Juguemos a ser cuerdos
Y no caminar juntos de la mano

Juguemos a ser cuerdos
Para no aceptar nuestra locura
Juguemos a ser cuerdos
Para morirnos en la vida simulada