No le escribo flores
Ni le envío a casa un poema
Le doy un beso por la noche
Y me revuelve la vida entera
Ni le envío a casa un poema
Le doy un beso por la noche
Y me revuelve la vida entera
Ven,
Baja y dame un beso
Que esta noche te vas
Lejos
Al sur del continente
Y tu saliva se ha de secar
Ven,
Baja y permite que mis ojos
Miren los tuyos
Pequeñitos
Colmados de blanco delicia
Que no quiero olvidar
Ven,
Baja y hablemos un poco
Que tu voz forastera
Llegue a mi aliento con
Tu melodía
Hasta que aprenda a escuchar
Ven,
Baja y estrújame a ti
Para calcar tus pechos
Fuertes
Sobre los míos
Que me han de alimentar
Ven,
Baja y quédate inmóvil
Para esculpir
Cada pliegue interno
De tu alma entera
Que entre sueños he de acariciar
Ven,
Baja y dame el segundo beso
Que esta noche te vas
Y cuando vuelvas
Serás al que empiece
A amar
Hace tanto no te beso ni acaricio
Hace un rato te deseo en el olvido
Hace mucho que dejaste destruido
El recipiente de piel con muchos corazones
Donde en el interior no hallo el mío
Hace noches frías que no tengo abrigo
Otras tantas calientes que no hacen nido
Hace algunos soles que sonrío
Miro lejos, viajo a solas, miro más lejos
Aprendo a llenarme de hábitos vacíos
Hace ciudades y pueblos que visito
Donde las fotografías guardan espacio limpio
Pirámides, playas, desiertos y castillos
El viaje se hace extenso y ancho
Hace tanto que el mundo no es contigo
Hace cuántas conversaciones escondo tu nombre
No sea que se descubra que aún te pienso
El silencio sería el mayor de mis fraudes
Con réditos para mostrar un hombre airoso
Que recostado vierte lágrimas sin hacer ruido
Hace doce meses que no tengo fiestas religiosas
No enciendo velas, no quemo panes ni bendigo el vino
Solo de vez en cuando compro panes frescos
Al paso beso las columnas de esta casa nueva
Y los viernes escojo las flores por mí mismo
Hace pocos días advertí no estamos más juntos
Razón para escribirlo antes de olvidarte
Hoy que aún recuerdo tu nombre y tu rostro
Antes que el liviano viento me los arrebate
Y esta historia se quede sin trazos ni testigos