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domingo, 6 de abril de 2025

Un hombre de color

  

Hoy me detuve ante el espejo de la casa mía

Miré con atención y hallé a un hombre de color 

 

Encontré líneas frenéticas revueltas en mi pelo 

Abajo unos labios ansiosos y rojos de deseo

Que se encienden más cuando pienso en vos

 

Descubrí una mirada viva que brillaba 

Llena de contener aguas dulces y verdosas 

Perpetuando de tus ojos aquella iluminación  

 

Aparecieron las horas propiedad de las noches

Que hicimos largas entre almohadas con olor 

Y avisté el refugio que nos arropó en su calor 

 

Mis manos buscaron enlazarse a una figura humana 

Como buscando las piernas tiernas tuyas 

Solo lograron agitarse sin rumbo ni control 

 

En los tonos de mi lengua no quise reparar 

No fuera que viera destellos cegadores

Provenientes de la sangre que conserva vivo al corazón 

 

Noté desbordándose una silueta bulliciosa

Sin piel, dejando ver recónditos ardores

Aun sin apagarse del último encuentro de los dos 

 

Al regresar de caminar las calles atestadas 

De la ciudad que habito

Me detengo ante el gran espejo de la casa

 

Un hombre de color es lo que busco 

Porque eso es lo que soy

Un hombre de color es lo que hallo

Porque eso soy con vos 


jueves, 22 de febrero de 2018

Los brillos de Guanajuato




Un buen diamante tiene la propiedad de reflejar la luz. Y en cada una de sus facetas irradia belleza. Su nobleza está en concentrar tanto brillo en un pequeño trozo. Y es cada uno de sus destellos que lo hacen invaluable.    

Partiendo de ahí, la ciudad de Guanajuato aparece como un precioso diamante. Un pequeño espacio que además de su belleza arquitectónica posee tanto esplendor en cada una de sus calles, historias y tradiciones. Una joya de trascendencia histórica para todo el país que ostenta una oferta cultural de primer orden.  

Con la mejor de las suertes logré apreciar algunas de las principales cualidades de esta joya en mi reciente visita: toparme con un concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato. Más cuando se trata del concierto inaugural de la Primera Temporada 2018 en el emblemático Teatro Juárez. Al mismo tiempo, deleitarse con la participación de Karen Su en el primer violín aumentó el valor de la experiencia.

Y así como un día te acercas a una joya con cierta vacilación y el encanto de la pieza te cautiva poco a poco, así fui seducido por Guanajuato. Trasladarse entre las calles subterráneas es una experiencia urbana única en este país. Comprar artesanías, dulces, especias o incluso alguna planta endémica en el interior del imponente Mercado Hidalgo deshará cualquier buena experiencia de un cotidiano recorrido. Si nunca lo has visitado, el Museo de las Momias te encerrará en una atmósfera de misterio.

Parte central de la historia nacional se cuenta desde la explanada de la Alhóndiga de Granaditas. Y sin duda, esta ciudad es una de las más románticas y llena de fábulas que encantan y se cuentan en la escalinata de su Universidad y durante las jocosas callejoneadas al mando de estudiantinas cuyo destino final siempre es el Callejón del beso.

Es justo reconocer que esta joya se ha engalanado con una infraestructura turística que ofrece hoteles y restaurantes de alta calidad. Museos, galerías de arte, galerías de artesanías, cafés y múltiples espacios de riqueza cultural son parte de su brillo actual. Las nuevas terrazas de los hoteles agracian aún más la belleza de la ciudad, y ya sea de día o de noche, resulta un placer disfrutar de sus destellos.    


Las cualidades que reúne Guanajuato la convierten en una preciada joya nacional. Llegar a ella requiere tan solo tres horas desde la Ciudad de México. Así que una inversión tan corta y sencilla no puede ser más redituable para alcanzar una joya que por el lado que se le mire solo irradia brillos.

sábado, 30 de junio de 2012

A D.C. le haces falta




A las calles con letras nombradas
Parece que les han arrancado el alma
A los parques de presidentes marginados
Se les han secado las primeras ramas

Los ciclistas con cascos todos
Parecen su rumbo haber olvidado
Los museos nacionales se han agrisado
Con visitantes automáticos y largos

El calor del sol quema la ciudad
Rostros frágiles deambulan cansados
Mártires de una ciudad abandonada
Aparecen caídos en las esquinas masacrados

Reciben ciegos compradores las tiendas
Los aparadores están vacíos y desordenados
El café ahora está frío y sabe quemado
Será que la máquina hoy no te ha mirado




A D.C. le haces falta
A lo ancho de su lánguido día
Se queja de las horas venideras
En que no será tu morada

A D.C. le haces falta
A su río no lo acompañas
Por la mañana fresca
Ni por la noche larga

A D.C. le haces falta
A sus monumentos no retratas
Ni por su obelisco alto
Ni por tener una casa blanca

A D.C. le haces falta
Y a mí de pasada
Que me quedé más días
A tratar de consolarla


District of Columbia
June 2012 

lunes, 21 de mayo de 2012

Ayer me acordé de São Paulo



De manera constante hay terrenos de la creación, personas con gestos, árboles, edificaciones hechas por humanos y trozos de calles o alguna completa que me recuerda una emoción, que me recuerda, porque en el re, me vuelvo a asir de la cuerda.

Cada uno de esos cuerpos y escenarios entra por la pupila y ordena engendrar una imagen en mi mente, limítrofe a un sentimiento. La mayoría de las veces intento que esa memoria me deje una alegría, un placer. ¿Pero qué boca ha dicho que el placer no duele?

Ayer, mientras rodeaba Ciudad Universitaria, montado en una bicicleta prestada. Vi un espacio que por muchos años he admirado. Por su única carga histórica, artística, social y progresista. Ciertamente produjo en mi interior muchas emociones, múltiples admiraciones y una retrospectiva.

Durante el recorrido, el sitio objetivo fue la Rectoría. La explanada de los edificios cubiertos de azulejos, otras pintadas a mano que muestran la historia de estas tierras y de sus alrededores. Estas obras se volvieron mi meta en el circular arribo, pues muchas veces las había observado y elogiado desde una posición lejana, torpe e infecunda, andando en automóvil desde la Av. Insurgentes.

Llegar pedaleando en esfuerzo físico. Recorrer las cuadrículas maniobrando en mi trasporte fue un juego divertido y de renovación para mis entretenimientos infantiles. Admirar las fastuosas escalinatas. Buscar y descender por la rampa para seguir recorriendo los jardines.

Jugar a revolotear los ojos para encontrar un ventilador amarillento y después un monitor dentro de las oficinas centrales. Contar las lámparas de piso que imaginé semejantes a enormes pelotas de un campo mexica, sólo que en estas de piedra rojiza, podría hasta sentarme a descansar.

Dirigirse hasta las construcciones más bajas para poder comprobar con mis propias palmas que eran azulejos los que integraban el mural, mientras me dejaba hurgar y deslumbrar por el sol complaciente, también acompañante de mi visita matutina.

Y ver los pasos, los túneles que me echaron en cara otra ciudad, otra tierra, otra humedad. Ahí vi y me regocijé con la líneas arquitectónicas que emularon São Paulo.

Los formadores de este emporio con sus calles, sus verdes, sus silencios y sus grietas tuvieron que estar en sintonía, tuvieron que conversar en algún momento o por años con los paulistas. Hojearon los mismos diarios o pienso que respiraron los mismos aires que de norte a sur viajaron.

Ahora ya no sólo tendré el túnel del Museo Nacional de Antropología para sentir y soñar que a São Paulo viajo.

Vendré a Ciudad Universitaria a rodar entre sus verdes explanadas, a maravillarme con piedras volcánicas, a ver carteles de movimientos estudiantiles, a observar niños y viejos caminando en las cortes escolares.

Apareceré y bajaré una pendiente de piedra que fue domada hasta quedar lisa para mi trote. Andaré entre pasillos abiertos y ahí, le daré otro beso a mi acompañante que también viajó a São Paulo, sino por lo que sus ojos veían,  por lo que yo entre voces y  silencios le contaba.