sábado, 26 de febrero de 2011

Mientras el destino

Esta calle no tiene final evidente
Los nombres de las mujeres terminan suave
Los cabellos de mi abuelo crecerán lento
Mientras dudo si las olas se acercan a mis pies o se alejan de miedo

Este durazno vacila el esmalte de su atuendo
Los ojos de la muñeca recuerdan para atrás
La mente esboza proyecciones efímeras
Mientras verbalizo lo que pienso y el dibujo se convierte eco

Esta nube viaja torpe al compás de anónimo viento
Los abrazos se dan a acreditados individuos
La mano y la mirada a quien suspiro
Mientras las ruedas giran y a Montevideo me separo y acerco

Esta carta blanca se escribe diciendo
La montaña es clara y el cielo negro
El calor invade cuerpos y el frío penetra huesos
Mientras borro lo que he escrito inmaculadamente lerdo

Sobre la mesa hay un mañana dibujado
La tinta la he reunido de cuantiosos ayeres
El papel es pétalo de cebolla tierna en llantos olvidados
La mirada pincela la vereda. Mientras el destino

viernes, 28 de enero de 2011

El Baño

El agua libremente corre en este espacio
Ayuda a lavar manchas de la piel y el alma
En este sitio, casi siempre cuadrado, habito
Habito por las mañanas y en las noches anido

Esta redonda butaca, fría, ordinariamente me espera
Cuando me siento, pienso detalladamente los días
Programo los inmediatos pasos que daré a la salida
Me levanto, rutina irreflexivamente tardía

Estas paredes son quienes mas veces me han visto desnudo
Les doy mi confianza, un vello pectoral, saben único
Nunca me dicen cómo se ve mi nuca
Me da tanta rabia nunca poder mirar, esa ración mía

En esta habitación, tramito miles de respiros
Mi corazón late más que en las calles
Mis pies sin vestido tocan charcos sucios
Mis manos limpian mi cuerpo despojado

Aquí miro mis ojos que me miran
Aquí riño para lustrar mi sonrisa
Aquí suavizo mi piel áspera
Aquí lavo mis cabellos sebosos
Aquí me sé sórdido y quebradizo
Aquí me renuevo, aunque sea un poquito

Incluso, sospecho que solamente aquí soy yo
Desnudo
Indefenso
Sucio
Frágil
Libre
Incluso, sospecho aquí, que no me conozco

martes, 11 de enero de 2011

La caída de la reina

Desde el momento en que vi las imágenes cuando cae Marisela, mi cabeza y un chip que tengo incrustado en mi pecho no se han serenado.

Marisela era una reina que vivía afuera de un palacio, porque adentro había un dragón. Un animal salvaje que se volvió soberbio, que ya no recordaba que era un sirviente de la corona. La reina se refugió enfrente del castillo. Afligida y abatida, todos los días derramaba lágrimas porque había perdido a su hija, la princesa Rubí, que años atrás había sido seducida por un bárbaro, un hombre de mal.

La reina era jubilada de la institución que resguarda la salud de todo el pueblo, llamada IMSS. Ella curó heridas y sanó enfermos por muchos años. Pero un mal día, su princesa le fue arrebatada, su princesa fue asesinada y quemada vilmente en un tambo en las afueras de la aldea, conocidas como desierto de Chihuahua.

Cuando la reina esperaba la sentencia para el verdugo confeso de la princesa, la Corte Imperial absolvió al bárbaro y sencillamente apuntó: “el tribunal absuelve por unanimidad a Sergio Rafael Barraza Bocanegra de la acusación que le hizo el Ministerio Público…”. Los caballeros de la Corte lo habían indultado, lo habían liberado.

En ese momento, en la Sala de la Corte se escucharon los gritos y lamentos más estruendosos que en el reino se hayan escuchado, era la reina y sus damas pidiendo justicia por la muerte de la princesa Rubí.

Desde ese día, la reina emprendió una lucha para exigir esclarecimiento en el asesinato de la princesa. Fue despojada de sus majestuosos vestidos y caminó errante por las calles, berreando y gimiendo por la perversa decisión de la Corte. En las marchas, se hizo acompañar de un séquito de otras reinas que habían perdido a sus propias princesas llamado “Justicia para nuestras hijas”.

Después, pasados unos meses, tras una apelación al último fallo, encontraron culpable al asesino, pero este, ya estaba prófugo. Entonces la misma soberana coadyuvó para tratar de detener al homicida confeso. Dirigió las investigaciones para dar con el verdugo. Ella era muy valiente y llegó a hablar ante las cámaras para clamar justicia.

La noche del jueves 16 de diciembre la reina estaba afuera del palacio, en la plaza principal a la que llegan los caminos de Aldama y Universidad en el centro del reino. Cuando llegó un carruaje blanco, pero funesto. Bajó un verdugo. Se dirigió a la soberana. Según los dibujos del cuento, discutieron y por primera vez se vio a su majestad correr, huir de la embestida, debió tener mucho miedo del verdugo, amigo del dragón y de la Corte Imperial.

De manera vil correteó a la reina y ella intentó refugiarse a las puertas del palacio. Pero antes, el mísero cobarde, le clavó la espada (bala calibre 9 mm) a quemarropa. Ella cayó muerta con sus tenis blancos en la banqueta de su propio castillo (Palacio de Gobierno).

Desde entonces, el pueblo ha parecido tener mucho miedo, pues ha callado por la injusticia cometida, han permitido esta atrocidad en una familia real y se han hecho responsables, dándose a conocer la situación de arbitrariedad en la Corte Imperial (Sistema de Justicia Penal) que impera en el reino.

En la búsqueda de justicia por la muerte de la princesa, la reina ha muerto. Se ha cumplido la sentencia que la soberana un día expresó: “aunque me lleve la vida, lo voy a localizar un día…”.

Ahora el pueblo y los plebeyos deben continuar la protesta contra la impunidad que se ha apoderado de este reino y que ha lacerado a sus habitantes; para que no se vuelvan a escuchar gritos como los de la reina Marisela Escobedo, el mayor estruendo del que pueda acordarme haber leído en un cuento.

domingo, 2 de enero de 2011

Me & Cinderella

Centenares soles se han puesto
Las alas de Alejandro han tomado vuelo
Hojas secas se han arremolinado frente a mi puerta
Viento sopló fuerte frente a mi cara
Sello mis oídos con algodones y me evaporo
Me

Granjas del sur han mostrado flores amarillas
La casa pequeña ha emanado calor fulgente
Violines han conversado a gemidos
Pies caminaron para asir un brazo hermano
Las horas avanzan y se sientan a la mesa
&

Lagos de agua azul celeste se han secado
Los conejitos silvestres se han asomado
Discursos simples han surgido efervescentes
De voces expertas surgió un afecto
El respiro es constante y no parece apagarse
Cinderella

Barcos siguen de pie en el monte alto
La mañana más fría es camino por andar
Ojos ven que hay manos labrando barro duro
La nube protectora ofrece alientossombra
Un río juega con libros de fábulas grises, el puente los vigila
Queda Me & Cinderella


MMX

lunes, 13 de diciembre de 2010

El banquete de los acuerdos

La mayoría de las veces se escucha: Ponerse de acuerdo no es tarea fácil. Y claro, resulta tan difícil porque la mayoría de las veces, en realidad, no se quiere poner de acuerdo. Diálogos, convites, encuentros, miradas y tratos, son el intercambio en el que nadie se quiere quedar con una parte de lo que el que está enfrente, le ofrece.

En la marcha del festejo por convenir en algo, surgen agrupamientos por afinidades, que llevan a nada. Que si es alguien que está cerca, que si somos del mismo color, que si hablamos una misma lengua, que si soy de billetera gorda o que si nos hemos caído bien los últimos años. En esta segmentación, queda evidente que entonces, los bloques siguen existiendo, que el multilateralismo es de alianzas, proclives a segregaciones.

En la diversidad, destellan los matices que siempre me han gustado. Aquí se pueden ver las faldas tablonas que son majestuosas; otros visten de pantalones negros o azules combinados con superiores en blanco o rosa, tan sobria elegancia como sus diseños mentales; aquellos de enfrente, visten una franja bordada en el costado de sus camisas para enaltecer un legado, del cual se afrentan detrás de la cortina y que a otros, siempre de tez más blanca, entregan.

Han pasado doce días para ponerse de acuerdo, y las citas no acaban, las pláticas son variadas en escenarios y banderas. El azul universal se ha socorrido de otros tres colores radiantes. Obreros visionarios sabemos que no es tarea fácil llegar a un acuerdo, y aún así, hemos puesto la mesa, los manteles y los platillos del banquete. En esta hora, ya se han sentado los invitados al festín. Hemos dado una fiesta para que conozcan nuestra casa, los deleitemos con pan de maíz, para que más tarde, saciados, prueben nuestro dulce de leche.

martes, 12 de octubre de 2010

De Guatemala y Nicaragua

Tengo que justificar por qué elegí estos dos países para investigar sus políticas públicas y cómo sus regímenes políticos injieren en la democratización de la información pública.

No hay más. La primera razón es los recuerdos que tengo de uno de ellos, la conexión que mi corazón y los álbumes calcados que acopio en mi archivo mental tienen con la tierra guatemalteca. Porque ellos (los mayores pobladores de Centroamérica) voltean hacia arriba del mapa para ver a un país que admiran y apetecen, pero que se pudre en la mediocridad, que a su vez, se cree inferior cuando no se plantea que puede ser la gran civilización de un nuevo siglo.

Del interés por la Nicaragua, viene desde el nombre. Suena a agua y a nica, seguro huele a hierba y a lago abundante. Es realmente bello cuando ves su forma geográfica que se parece tanto a mi país (representa menos del 10% del territorio mexicano), pero ellos han sufrido tanto, han soportado dictaduras de una familia sanguinaria que los ha dejado en la miseria, comparten con Bolivia ser de los países con IDH más bajo de la América continental.

Una tarde de hace algunos meses, sentado en una fresca casa queretana, leía en una revista de portada roja acerca de las estrategias de la pareja presidencial nicaragüense para hacer de su poder político un movimiento religioso. Una dominación a través de supuestos encargos divinos. Me desanimó que los Ortega se envuelvan en la bandera sandinista cuando aspiran a ser la reencarnación americana de los Ceaucescu.

Un medio día de hace alguna semanas, veía a unos metros de mí el rostro de Colom en un evento de incipiente celebración bicentenaria, pero mis ojos repararon en su cuerpo, en sus manos, en la curvatura de sus espaldas, cansadas. Deseé que el cansancio procediera de sus casi sesenta años atrás y no de la esforzada tarea por engrandecer su pueblo. Esa misma tarde miré a menos metros, una inspiradora sonrisa alegre y regordeta de la mujer más orgullosamente guatemalteca.

De Guatemala, los quetzales
De Nicaragua, el lago Nicaragua
De Guatemala, el encanto de sus mujeres artesanas
De Nicaragua, la duda a Violeta Barrios vda. de Chamorro

De Guatemala la primera nación extranjera que pisaron mis pies.
De Nicaragua, la última que pisarán este año.
¿Podré justificar con esto mi tesis?

jueves, 30 de septiembre de 2010

La leyenda de los 202 millones de ojos

Desde pequeño he creído que nadie más puede ver del mismo color como yo miro lo que existe. Que nadie más puede asimilar el mismo verde cuando veo las hojas de la menta, que sí dos decimos ¿Te has fijado: es verde el pasto? Seguro que mi verde es un poco más claro que el morado con el que el otro identifica el interior jugoso de una ciruela, pero ambos le hemos puesto cinco letras que lo llaman como verde.

ay un tono que veo adentro de mis ojos, pues cuando lo busco en el exterior se desvanece y con las líneas del sol se oculta. Me gusta, es blanco. Desconozco si como el que ven los demás, pero revelo que es mi predilecto. Certifico que lo que se pinta con su color escasamente es desvirtuado. Tal vez por eso es difícil verlo en las calles, porque lo transpiro y por las noches me toma de la mano, abre la puerta de mi almohada y con ternura me guía a los pasadizos del mundo real.

Mi rojo no es el rojo de la sangre que se derrama del dedo rajado por un cuchillo con poco filo cuando han rebanado un jitomate en una cocina comúnmente sucia. Rojo me suena a peste, me huele a cansancio y me sabe a muerte. Si va acompañado de gotas de lluvia, entonces es más oloroso, pues se desparrama por las venas de esta ciudad, la oxida y la vuelve más gris (afligida). Rojo revolotea y se ve entre los efectos sensoriales que brotan más allá de la piel, provenientes desde mis entrañas.

Hay tres colores que se soldaron, hay tres espectros unidos con costuras hechas por la luna. Son tres, hechos uno. Es uno conformado por tres. Mis dos y más de doscientos millones de ojos dicen que les pertenecen, que en ellos está escrita la historia de la tierra que pisamos y trasquilamos a diario.

Nadie vera igual cada uno de estos colores, ni mucho menos la alianza. Mi verde, mi blanco y mi rojo son de matiz vivo. Los impregno de vida con acuarelas hechas de plumas multicolores de pájaros mayas. Quizá el blanco es mi favorito porque en él posa un ave. Pues ni mis dos ojos ven igual los colores y es en el blanco que ha quedado en medio, donde se unen mis miradas y donde se toman de las manos mis ambos ojos. Ahora les pido a ellos que también miren el azul del cielo. Que creen un aroma de las nubes altas que están sobre nosotros. Estoy de pie en la tierra, pero pocas veces levanto mi cabeza para elevar mi mirada. Ese es el límite del lienzo, que con más de doscientos dos millones de manos se puede pintar del color sueños.